sábado, 12 de febrero de 2011

La belleza de la guerra


Ilíada: Andrómaca suplica a Héctor que piense en ella y en su hijo y vuelva a la batalla

Cada año aguardo expectante las reacciones de los alumnos de Griego I en el segundo trimestre: deben leer una selección de pasajes de la Ilíada, esa obra que parece un monstruo que va a engullirte sin piedad y te va a masticar entre epítetos incomprensibles, versos formulares exasperantes y alocuciones que dan dolor de cabeza. Sin embargo, ese "monstruo" cada año me depara más sorpresas. en los últimos dos años me estoy encontrando no sólo con que la Ilíada no da tanto miedo ni es tan difícil de leer (y entender), sino con alumnos que, además disfrutan leyéndola. Bien es cierto que la edición de nosotros usamos, con introducción y notas del gran Antonio López Eire, tiene pocas posibilidades de no gustar.




Para comprender la Ilíada, debemos tener en cuenta que los griegos se educaban en la belleza de la guerra que Homero transmite en la Ilíada. "¿Acaso puede ser la guerra bella?", os preguntaréis. Lo era para los griegos: la Ilíada se compuso para ser cantada a una humanidad combatiente, y para hacerlo de un modo memorable que durara eternamente, cantando la emoción que antaño fuera la guerra –y que siempre debía ser. Lo hace desde su rasgo más evidente y escandaloso: su rasgo guerrero y masculino, que en la epopeya homérica es lo que le confiere a la guerra su belleza, con una fuerza y una pasión memorables. No hay héroe cuyo ἀκμή, moral o físico, en el momento del combate, no sea recordado. No hay casi ninguna muerte (pensad en la de Patroclo, en la de Héctor) que no esté espléndidamente adornada y llena de poesía. La fascinación por las armas es constante, y la admiración por la belleza estética de los movimientos de los ejércitos es continua. Son bellos los animales y la naturaleza cuando es el marco del combate. La guerra se presenta como el justo momento en que la intensidad –la belleza- de la vida se desencadenaba en casi toda su potencia y verdad. Por eso es por lo que leemos la Ilíada, y por lo que a algunos de vosotros os sigue sobrecogiendo esa historia universal.


Frente a esto, como veremos en el 3º trimestre cuando leamos Troyanas, Eurípides se empeña en mostrarnos el lado femenino, el deseo de paz.




Dedicamos el cumpleaños de Teresa -una gran fan de la Guerra de Troya- a algunas cuestiones en las que merece la pena detenerse cuando uno está leyendo esta obra. En primer lugar, hablamos de la llamada "cuestión homérica": ¿existió realmente el poeta ciego de Quíos? ¿fue realmente él quien dio forma a esos dos clásicos de la literatura universal? Lo cierto es que no lo sabemos con seguridad, y ambos bandos, los que piensan que sí y los que piensan que no, aducen argumentos de peso. Podéis visitar este blog si os interesa el tema. por otro lado ¿hubo una Guerra de Troya? ¿existió Troya de verdad? En las escenas del documental que vimos ese día, pudimos comprobar cómo los propios historiadores, filólogos y arqueólogos no se poenen de acuerdo. Si bien parece por tods aceptado que los restos que encontró el alemán Heinrich Schliemann se corresponden con la antigua Ilión, es difícil llegar a un acuerdo acerca de si los restos aparecios corresponderían a la época en la que tiene lugar la Ilíada.


Sobre Schliemann he elaborado una presentación a la que podéis echar un vistazo aquí:









Y por último, sabéis que teníais que elegir entre leer "La Canción de Troya" de Colleen McCulloug o la "Ilíada" de Alessandro Baricco. Con ellas y la selección de la Ilíada de Homero dedicaremos unas sesiones a tratar el tema de la recepción. Sé que algunos ya habéis terminado y que las opiniones son dispares: hay quienes han disfrutado leyend y hay quien, lamentablemente, se ha aburrido, que es algo que siempre me da mucha pena. Para reconciliar a estos últimos con la Ilíada, propongo que se lancen a las acuarelas de Joma (mis favoritas) sobre la Ilíada o a esta versión en cómic (y en inglés) de la cólera de Aquiles, ya me contaréis. Los dibujos son lo más.
LA ILIADA ILUSTRADA